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  • Jura 12-07-2013
    Entrevista periodística al Dr. Héctor Negri
    16-12-2013

    1.- Dr. Negri, después de más de 30 años como ministro de la Suprema Corte y finalizando su cuarta presidencia del máximo Tribunal de Justicia de la Provincia ¿Qué cambios considera usted que aún están pendientes en la Justicia?
              Más que cambios (aunque está bien buscar caminos nuevos) creo que son importantes ciertas afirmaciones históricas de la justicia judicial.
               En particular, la de su independencia el juez debe ser independiente en tres sentidos:Respecto de las partes, reafirmando su definición como tercero imparcial. De sus pasiones y afectos, que pueden llevarlo insensiblemente a alterar esa imparcialidad.Y de toda forma de poder (político, económico,  periodístico) que trate de influir sobre sus decisiones.
               La tarea judicial es especialmente delicada . Al juez llega un  conflicto: pasiones, daños, intereses contrapuestos. Y el dolor siempre presente de valores conculcados. Le corresponde contenerlo. Devolver la paz. Restablecer la perdida armonía. 
                Un trabajo difícil, donde un error puede significar una tragedia, personal o social. 
     Sólo podrá realizarlo desde una independencia que permita el adecuado fluir de su sabiduría y conciencia, en ese íntimo ligamen con la verdad de los hechos y con la justicia del derecho.
               Las sociedades, para subsistir, deben cuidar sus instituciones. Esta, de la justicia judicial, presente en los tiempos y pueblos e indispensable en toda sociedad democrática, debe ser especialmente salvaguardada.
               Respetando sus decisiones, no sustituyéndolas con pronunciamientos grupales o mediáticos, cuidando que su independencia no se lastime al derivar de circunstanciales parcialidades políticas. 

    2.- Dr. Negri, el Departamento Judicial Moreno-General Rodríguez es relativamente nuevo, poco a poco se van creando los primeros órganos de justicia, usted tomó juramento a nuestros primeros jueces laborales, ahora tomó juramento a los nuevos jueces Civil y Comercial y Familia, desde su importante trayectoria como docente y ministro de la Suprema Corte ¿qué les pediría especialmente que tengan en cuenta a la hora de cumplir  su función de magistrados?
              Ha sido para mí un alto honor el haber tomado juramento a los nuevos jueces. Sé de la inteligencia y probidad de cada uno de ellos y confío que su desempeño enriquezca la labor del Poder Judicial de la Provincia.
              Les pediría únicamente (y esto sólo por haber recorrido antes que ellos su mismo camino) que sean fieles a la misión de allegar la paz, allí donde haya discordia, de devolver el diálogo allí donde un injusto monólogo lo haya preterido. Y que aún ante las dificultades y presiones, no claudiquen nunca.

    3.- Usted es Profesor de Derechos Humanos en la Universidad Nacional de Luján  
    ¿qué significa para una persona como usted tan comprometida con los Derechos Humanos  desarrollar esa temática en una Universidad que sufrió persecución al punto de haber sido cerrada por la dictadura militar?
              Yo también, como tantos argentinos, fui perseguido. El gobierno militar me declaró factor real o potencial de perturbación y me inhabilitó, por acto administrativo, para cualquier cargo público y para el ejercicio de la docencia en todo el País, en cada uno de sus niveles. Fueron años muy difíciles.
              Retornada la democracia volvía a la actividad académica, con el propósito de devolverle al mal con el bien.
              Desde ese momento, he vuelto a  enseñar aquellas cosas por las que fui prohibido: el valor de la vida desde su concepción el seno materno, la libertad, la igualdad, el respeto al otro y una opción preferencial para los pobres.
             Poder decir todo esto en una institución que había sido clausurada y que renacía con la democracia, fue como sentirme proyectado en un inmenso reflejar de espejos.
              Con sus maestros y con sus voces juveniles regresaba y a mí me permitía retornar a la tarea de ayudar a formar las conciencias en el amor y la paz.
    La Universidad de Luján es una universidad hermosa y gloriosa: tiene un inmenso significado de la esperanza renacida, después de tantos dolores.

    4.- Usted es poeta, escritor, músico y, al mismo tiempo,  una reconocida autoridad en el mundo de la docencia y del derecho ¿cómo conviven “esos mundos” en usted y si considera que esa sensibilidad como hombre de la cultura incidió en su concepción de la justicia?
              La vida es un regalo muy hermoso que Dios nos ha dado. Algunos refieren al hombre como resultado de un accidente biológico. Pero no es así.
              Hay un misterio en cada ser personal, un designio que descubrir y en el que radica nuestra personal existencia. El tema es encontrarlo y poder desde él proyectarse en bien a los demás.
              Yo he tratado de explorar, es cierto, diversas dimensiones: clases, judicatura, canto, poesía,  derecho. Todas me llenaron de alegría o de tristeza, todas me hicieron más humano. Obviamente, interactuaron unas y otras.
              Como dice el Evangelio de San Juan: en la casa de mi padre hay muchas moradas.
    Quise abrirme a cada una de ellas. No sé si hice bien. Pero lo volvería a hacer.
              Hoy, lo que más me duele, es lo bueno que no hice.

    5.- ¿Cuál debería ser el aporte, el mensaje de la justicia a la sociedad en este contexto de tanta violencia social donde algunos creen, por ejemplo, que un linchamiento es algo justo?
              La violencia es la negación del diálogo y en ese sentido, la negación misma de lo humano.
              La mano fue hecha para escribir, para saludar, para trabajar, para acariciar a los hijos, o al cuerpo de la mujer amada.
              Volverla un puño o llevarla a manejar un arma, es un inmenso despropósito,  un desgarrar su significado prístino.
              Cada homicidio es un suicidio.

              Esto vale para cualquier delito y para cualquier venganza, sea personal o grupal.

              La respuesta al mal sólo puede darse socialmente en el marco del derecho, con sus requerimientos y cautelas y con sus procedimientos que garantizan acusación y  defensa.

    El derecho es  una de las expresiones más profundas y válidas de lo humano. Recusarlo, rehusarlo, significa una fuerte claudicación de la cultura,

    6.- En términos generales, la sociedad  considera que la justicia es algo lejano a su realidad cotidiana, la gente común no conoce a los jueces, a los fiscales, como que son de “otro mundo” ¿qué reflexión le merece esto?

              Los jueces y todos quienes son actores cotidianos de la justicia judicial, somos seres humanos, con nuestros aciertos y errores.
             Y nuestro corazón se acongoja  frente al hecho irremediable que nos llega a juicio.
              Nadie tiene que vernos de otro mundo.
              Nuestro trabajo se hace (debe hacerse) como decían los clásicos: cum humilitate et timore. Con humildad y temor. Porque quien juzga se juzga a sí mismo.
              En ese derivar cotidiano de nuestra tarea se  afirma nuestra existencia.

    Seres de todos los días a quienes la sociedad nos ha encomendado la difícil función de restituir la justicia allí donde se encuentra conculcada.
              Esto no puede ser ocasión de lejanía.

     

     



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